Ayer en clase busqué provocar, sacando del vocabulario la palabra cómodo. 

Porque observo que la palabra comodidad en nuestra cultura moderna, significa dejar de sentir. 

Sentir se interpreta como dolor y sufrimiento. Y mientras exista esa confusión sin cuestionarnos sinceramente que es para uno sentirse bien, estaremos rechazando y huyendo de cualquier cosa que nos provoque sentir.

Para acercarnos a nuestro cuerpo necesitamos detenernos y preguntarnos si lo que interpretamos es nuestro o es una idea que viene de lo ajeno que simplemente dimos por hecho en algún momento.

La palabras necesitan recuperar un sentido vinculado al cuerpo. Reencontrarnos en el gesto y la palabra desde el cuerpo como si por primera vez descubriéramos su significado… redescubriendo en todo un sentido más nuestro.

 Pareciera que lo cómodo es para callar, para ser indiferente, para matar al cuerpo, a nuestro gesto íntimo, genuino, espontáneo, verdadero.

Si dejar de sentir creemos que es estar a salvo, es solo una mentira que nos hemos comprado. Es un suicidio a cambio del confort para hacernos la idea falsa de que estamos en zona segura petrificados sin provocaciones.

Me declaro provocadora y me planto con mi cuerpo como protesta, Si callar mi cuerpo es solo para no incomodar a quien no desea sentir. Es inevitable no molestar a quien se quiere negar a si mismo, pero en cambio sí puedo decidir vivir; expresar con mi cuerpo lo que siento. No me voy arrancar la fuerza de existir.

 Decidí dejar de anestesiarme y se que eso implica que sentiré y que cuando venga el dolor lo sentiré con mucha fuerza. He escogido recibir ese dolor, abrazarlo y danzar hasta que se vuelva mariposa.

Somos como crisálidas que nos perdemos de ser mariposas solo porque la idea de sentir dolor nos aterra pero algo peor nos aterra: movernos de lugar, soltar el lugar conocido. No dudo que el capullo debe ser un lugar muy acogedor pero… y ser mariposa?.

Nadie tiene idea de lo que nos espera; la transición, el cambio y la impermanencia son inevitables y no pienso resistirme a la majestuosa ola que nos mueve. Escojo sentir con todo lo que eso conlleva…Y erizarme cada vez que pueda, amando la naturaleza en cada transición, en cada fin y en cada renacer…

Valesa R.