Recorrer la ciudad acariciando el espacio, sentir el tiempo de un modo distinto… Dejando que el cuerpo descubra su lugar…. Siguiendo el deseo donde a uno le nace estar.  Atreverse a salir de lo conocido, sin quedarse con las ganas de habitar los lugares que uno quisiera conocer. Vivir la ciudad creando espacios propios en otras maneras de encontrarse… Salir de la inercia dejando que todo vaya… caminar la cadencia del asombro, respirando libre, sin la presión de llegar. Estar ahí, despierta para el momento decisivo y danzar celebrando el acontecimiento… Valesa R.

 

Bailando con la ciudad: En búsqueda del cuerpo perdido 

por Alejandro Araujo

Leer algo que dice: Bailando con la ciudad. Caer en la provocación. Arrancar una exploración con el cuerpo. Buscar las figuras del cuerpo en el espacio urbano. Partir de escrituras de otros que han caminado por la ciudad con el cuerpo presente. Son como vigías o brújulas. Hablan a tientas, al tanteo. Imagino, por una intuición que el cuerpo me indica, que pueden servir a todo aquel que ha puesto su movimiento en búsqueda del cuerpo. Se vuelven nuestros cómplices. Permiten mostrar la fuerza que tiene buscarse a uno mismo en diálogo con otros.

-La calle, a la que creía capaz de comunicar a mi vida sus sorprendentes recodos, la calle con sus inquietudes y sus miradas, era un auténtico elemento; tomaba en ella como en ningún otro sitio el aire de lo eventual. André Breton, Los pasos perdidos, en Walkscapes).

 

Escribir la ciudad desde el cuerpo, caminarla.

Andar los pasos perdidos para recuperar el cuerpo que

fuera de sí 

se mueve de un lado a otro en la ciudad.

Caminar la ciudad sin rumbo,

a la deriva,

caminarla como si algo fuera a aparecer.

Y de pronto,

en ese movimiento,

permitir que un andar sacuda al cuerpo

 

No hay historia que no inicie con una decisión, caminar como el origen de toda historia.

Bailando con la ciudad invita a imaginar que el espacio urbano puede rehacerse, reinventarse con los pasos. Tejer lugares bailando el espacio… 

-La historia comienza a ras del suelo, con los pasos. La variedad de pasos son hechuras de espacios. Tejen los lugares […] (Michel de Certeau, La invención de lo cotidiano)

 

¿Cómo el cuerpo se encuentra a sí mismo y a los otros en los bailes urbanos? ¿Es posible encontrarse en los espacios inhóspitos de las ciudades? ¿En esta ciudad de México que amenaza y aterra? Imaginar una ciudad hecha de bailes, de cuerpos que al bailar inauguren otra ciudad, la renueven con sus gestos. Imaginar un cuerpo que se renueve al permitirse el bailar por las ciudades, aunque sea de manera solitaria, o con algunos cómplices.

Convocar a través de una táctica casi secreta -como si fuera una conspiración- que cada uno comience, como trabajo de hormiga a bailar en sus propios callejones, antes de llegar a casa, en los tránsitos al trabajo o en cada plaza pública. Una manifestación que haga bailar la ciudad, de manera dispersa, extendida, diseminada. Cada quien a su tiempo y en su lugar, pero con los pies a tierra, acariciándola, respirando, con el ritmo del corazón marcando el tiempo de cada paso para contraer el cuerpo y luego expandirlo, con la mirada al frente, haciendo afecto al caminar, deteniendo el cuerpo cuando la pausa llame, cuando el encuentro sea cadencia que permita tejer los lugares que nos lleven al cuerpo perdido.

-Es cierto que mi lugar está en donde está mi cuerpo. Pero colocarse en un lugar y desplazarse son actividades primordiales que hacen del lugar algo que hay que buscar. Paul Ricoeur, La historia, la memoria y el olvido.