El encuentro que de pronto sucede en un tango, deja huella para siempre… ese momento irrepetible que uno seguirá buscando, pero

¿Cuando vuelve la caricia de un diálogo sin más historia que esa? clases de tango

El tango solo es y se expresa cuando aparece el encuentro íntimo; un instante irrepetible fuera del tiempo ordinario… que no se puede atrapar, tampoco reproducir. Entre más lo buscamos de la misma forma,  perdemos posibilidad de encontrarlo. El tango sucede así, de un momo misterioso y llega cuando uno se acepta sin pretensiones… sin forzar el momento. Así aparece la danza, siguiendo lo que uno siente…

Recuerdo las madrugadas, saliendo de la milonga en Buenos Aires, caminando desenfada, con los pies inflamados de bailar y bailar, pero empapada de vida, llevando dentro de mí la sensación del vaivén que el abrazo deja: una sutil intimidad en la pausa suspendida… Ahí, donde aparece lo indescriptible

Puedo decir desde lo más mío… El tango son historias que quedan en el cuerpo para siempre.                                                                  

Aquel que vive el tango, oscila en amarlo o desear que se vaya… Supongo que es porque se mueven cosas de uno. Sacude la forma en que uno se acomoda para no ser descubierto con sentimientos, deseos, corazas y el tango pone en descubierto lo que uno siente. El tango cuando se vive queda en el cuerpo y nunca se olvida. 

Me sumergí en esta danza enigmática, intentando respirar sin mascarillas de oxígeno. Mi infancia estuvo marcada por la enfermedad y desde muy temprana edad tuve que buscar los rastros de mi historia, pistas que me ayudaran a recuperar el aire. Buscaba entender mis raíces, porque aunque no soy argentina el tango aparecía desde mi infancia una y otra vez, como algo que me llamaba a vivir. De pronto el tango existió como posibilidad de reencuentro; como recuperación de identidad profunda donde al fin lograba respirar. Así fue mi primer tango, un descubrimiento fortuito que hoy reaparece como la cebra de mi propia historia para llegar aquí a esta manera nueva de encontrarme.

Sentí cómo las grietas se asoman cuando uno baila tango y no se puede evitar que aparezcan; son parte de uno… lo que cambia, es la forma de plantarse frente a ello: aparentando que no hay herida como negándose uno mismo y siendo indiferente con el otro, o permitiendo suavemente abrir espacio para descubrirse en proximidad sin reprimir lo que uno siente. El tango nació de la necesidad de afecto y de encuentro, en la añoranza y nostalgia de estar lejos de casa. Que maravilla tal invención, el abrazo para volver a casa. El tango cuando se vive desde el afecto nos devuelve y restaura. El diálogo, la comunicación entre los cuerpos nunca vendrán de las formas establecidas, como tampoco de los pasos aprendidos de memoria. Solo escuchando lo que hay adentro de nosotros y permitiendo compartir con el otro; expresando lo que sentimos hasta volverse danza; celebrando la posibilidad de ser…  Esa es la danza que busco trasmitir. Soltando poco a poco resistencias y corazas, permitiendo habitar  cuerpo y el ritmo propio, reinventando espacios de libertad para el encuentro, cambiando la violencia sutil de nuestros movimientos por apertura, naturalidad y fluidez. No busco cerrar aquí… más que con una intuición de pistas que permita disfrutar la experiencia propia que esta danza nos ofrece.

 

Valesa R.