La ampliación del instante

En el tango se descubren movimientos invisibles que uno no había detectado antes; nos lleva a percibir las más diversas esencias, despertando la sensibilidad de lo sutil; reinventando la noción del tiempo para sentir intensamente. Explorar la pausa sintiendo el cuerpo del otro junto a uno, nos permite vivir un instante más allá del tiempo, incluso se abren otras dimensiones espaciales. Pero la duración del instante depende de conectarnos con el otro.“Caer juntos entregando el peso en la pausa expandida” es clave para sentir y trasmitir el tango.

El Tango se crea y descansa en el abrazo.

La confianza también es un principio básico para poder fluir en el movimiento. Un ejercicio de confianza que se practica en el tango es la entrega del peso en el otro, dejando que repose en contrapeso en un abrazo. La proximidad, el diálogo y el contacto es el punto de partida y llegada de esta danza. 

Aprender a bailar implica desarrollar la capacidad de empatía. Empatía quiere decir la capacidad para ponerse en el lugar del otro, sentir lo que el otro siente. Me gusta el significado de esta palabra, pero hay algo en el reconocimiento del otro como sujeto que amplia la idea de “empatía”. En el tango se produce un nuevo lugar donde dos se reconocen y se reinventan; uno se vuelve distinto y un tercer espacio toma vida… Quizá la empatía es una fase primera, un primer paso… Pero una mirada cuando es, cuando escucha y habla, cuando es diálogo, que sigue y fluye con lo que está ocurriendo… pasa de la empatía al movimiento hasta volverse uno con el otro.

Compartir el tango implica reconocer que bailamos con una persona no con un objeto. Procurar tomarse el tiempo para escucharlo, para descubrirse en el contacto, en una sonrisa, permitiendo apertura y confianza; dejando que el encuentro se convierta en un lugar para reinventarse y abrirse también a uno mismo. En definitiva el sentido del tango es volverse uno con el otro aunque sea por un instante…

Las cualidades y beneficios terapéuticos del tango

El tango nos proporciona un estado de relajación y una pausa tan necesaria para el cotidiano;  un espacio para compartir y explorarse uno mismo de otro modo, eso en si mismo es terapéutico.

Las personas llegan al tango por distintas razones. Lo cierto es que descubren una actividad que los retroalimenta más que solo aprender a bailar. Muchas veces el baile puede ser una terapia alternativa. He visto personas que llegan con depresión y como rápidamente su estado de animo cambia. Personas que encuentran una forma de habitar su cuerpo y restaurarlo, Hay parejas sentimentales que buscan un espacio diferente para compartir juntos, u otros que vienen de una etapa de crisis, como de un divorcio o la perdida de alguien.

El tango nos ofrece herramientas valiosas que se pueden llevar al cotidiano más allá de la danza como:

-Poder expresar lo que uno siente disfrutando y compartiendo la música en una danza suave que acaricia, permite el ritmo propio y el placer de vivir. 

-Descubrir las cosas que no vemos de nosotros a través del otro es una gran virtud del tango. El otro refleja cosas de uno, mucho más nítido que el propio espejo. No solo nos refleja una mirada en términos de reconocimiento, sino que nos abre la oportunidad de movernos de lugar. El encuentro es la posibilidad de ser otro, de moverse, de abrirse dimensiones de uno que no estaban, no solo nos lleva a casa, sino a un lugar que no existía… creo que el otro hace eso, ampliar, mostrar que nunca estamos completos, dejarse atravesar por el otro es permitirse mostrar los límites de lo que uno había sido…. Descubrir que podemos ser otro gracias al nosotros es una posibilidad del tango.

-El lenguaje corporal se despierta. En el cultivo de la comunicación no alcanza la palabra, el lenguaje también está en el cuerpo, el gesto, el contacto. La palabra tiene su espacio y el lenguaje corporal debe encontrar su espacio. Despertar nuestro lenguaje corporal nos lleva a conectar con las emociones, libera resistencias, estimula el sentimiento afectivo y el vínculo con el otro.

-Tomar conciencia de nuestro cuerpo. Al bailar tango uno cambia malos hábitos de postura que ayudan a restaurar el cuerpo. Esto puede evitar dolores crónicos y falta de energía. Uno de los principios de esta danza está en aprender a enraizarse y alinear el eje lo cual hace tomar más presencia y confianza para plantarse en cualquier ámbito.   

– La improvisación como un rasgo importante de esta danza: Lo bello de improvisar es que aparece lo espontáneo, fresco y genuino que estaba ahí, lo cual no podría llegar sin dejarse llevar… Improvisar nos permite explorar de una forma lúdica “Buscando lo que uno encuentra”, sin el temor a equivocarse. Al bailar con lo inesperado sin expectativas, se vuelve una celebración que nos inspira a danzar la vida.

– El tango es una meditación, un estar que ayuda a soltar los pensamientos para vivir plenamente el presente.

– El tango, desafía el aislamiento que nos abruma. El grupo de tango en donde uno comparte el baile crea comunidad. Un espacio donde la gente puede sentirse identificada, donde se genera un sentido de pertenencia. En la modernidad uno de los grandes problemas es la pérdida de espacios de encuentro. El individualismo nos lleva a estar cada vez más aislado. Por eso el tango ha causado un gran auge, debido a que es un baile que provoca vínculo y convivencia. Las emociones y sensaciones se expresan gracias a sentirse en un espacio de confianza donde uno comparte y se identifica con los otros. 

 

El Tango, un resquicio para el Encuentro

Cuando el tango se enseña adecuadamente se potencia sus virtudes a diferentes ámbitos de nuestra vida. Desgraciadamente – atravesados por un tiempo nuestro en donde la proximidad y el contacto se está perdiendo – la mayoría de los que enseñan tango han olvidado el sentido y la esencia del tango. El egoísmo como modo de enfrentar el temor del contacto, como modo de defendernos del otro al verlo como amenaza, ha generado que el tango se enseñe con la pretensión de hacer grandes figuras y gestos arrogantes que hacen un baile de exhibición frío. Muchos bailan para sí mismos y en ello terminan por anular al otro o poniéndose por arriba en una dominación con diferentes tipos de violencia como el maltrato, la humillación o la indiferencia, una de las más tristes formas de violencia. Formas todas que exhiben desprecio por el otro. Ahí el tango deja de ser lo que en su esencia propone: ser uno con el otro en un abrazo entregado.

A partir de mis vivencias como bailarina y maestra me convoca a compartir algunas experiencias y mi manera de concebir el tango. Me inspira trasmitir lo valioso que puede ser el Tango para animar a explorar la esencia de esta danza pero sin que nadie les quite el gusto de bailar.

Saber identificar cuando alguien está agrediendo o tomando ventaja de su posición también es es una herramienta que el tango te enseña. Plantarse para saber invitar el compartir y la proximidad pero sin permitir que nadie nos falte al respeto o haga daño. Y como dice un querido alumno Carlos Pérez: “Nunca sufrir un tango” o Alejandro Araujo, también alumno y amigo entrañable quien ha sido parte de este proceso de re significar el encuentro, la ética de las relaciones y también quien ha participado en la retroalimentación de ideas para este artículo y de muchos otros: “El tango es un ejemplo de cómo se puede estar con el otro o destruirlo, un ejemplo que no permite tintes medios y depende tanto de permitirse a uno mismo el ser tocado por el otro.”  “El tango es un lugar para hacernos sujetos de una ética diferente…” 

Busco trasmitir una danza ante todo placentera dejando cualquier idea rebuscada. La belleza se da naturalmente cuando nos permitimos ser, al permitir que aparezca lo que uno siente en lo espontáneo.

Dirán que insisto en cada artículo en la idea de que el tango es una danza de diálogo y proximidad más que de pasos pero me parece alarmante que en nuestra sociedad como en la milonga predomine el desencuentro. Hay personas que abandonan el tango por malas experiencias en el ambiente social de baile. En diversos grupos se exacerba la competencia, el machismo o misoginia. Están los que se aprovechan de su posición de bailarines “avanzados” o peor aun de “profesionales y maestros”. También hay algunos códigos de dominación y luchas de poder que no pueden seguir vigentes. Y por otra parte la técnica exacerbada de lo pulido solo para evitar conectarse, al servicio de la pretensión para sobresalir con actitudes bruscas y exageradas, en pasos calculados para No dejar correr los sentimientos.

En el tango también hay que aprender a decir NO, no bailar con una persona que falte al respeto. Saber retirarse en el momento en que haya un maltrato, ya sea de un maestro o de la persona con quien estamos bailando: No prestarse a ser agredido así sea del modo más sutil, no ser parte de ambientes tóxicos y seguir buscando y cultivando espacios donde uno se siente bien recibido.

No cabe duda que estos ejemplos solamente son el reflejo de los gestos y formas de la sociedad en la que vivimos, en el ambiente del tango solo se evidencian y se reproducen estas formas. Me niego a perder la belleza de esta danza profunda por una forma más de insensibilidad donde se considere normal aceptar actitudes que nos dañan. Aceptarlo solo por que cada vez es más común la violencia e indiferencia en cualquier lugar.

El tango es valioso porque puede conservar un resquicio para el encuentro.

Valesa R.

“Permitirse el contacto de uno mismo a través del otro nos lleva a ver que somos más de lo que hemos sido. Ser otro por el encuentro, se vuelve un acontecimiento… ese momento en donde el mundo cambia, las cosas se ven de otro modo y uno puede darse cuenta de cómo había estado aferrado a sí mismo, como uno puede girar sobre su eje para salir por otro lado, con la fuerza del impulso que la tierra nos da y el contacto con el otro en la mirada, en la conexión… como si esas dos fuerzas, el eje en tierra y la intensidad de la conexión, nos permitiera girar y desplazarnos, buscarnos y encontrarnos en donde no imaginábamos aparecer. la figura del abismo disminuye sus vértigos cuando la confianza, la tierra y un verdadero mirarse está permitiendo que el salto al abismo sea de dos y sea, a pesar de ser salto, con los pies en tierra….” Alejandro Araujo